En primera instancia, pensé que era yo poniéndome viejo, pero cada vez que comentaba en un lugar lo mismo, la decisión era unánime: Santiago en los últimos dos años se ha ido a pique en cuanto en vida nocturna. Fiestas hay todas las semanas, por montones, pero desde el punto de vista del consumidor, ya no quedan locales confiables, no quedan fiestas indispensables, y literalmente pareciera que todo está en decadencia, porque bueno, en realidad así es...